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La sequia y el blasfemo

by Oscar Martínez


"... Has notado Aleida, que aquella mujer, la florista, siempre tiene girasoles? Nunca he visto crecer por aqui en Santo Tomás a una sola de esas flores. No las ves tampoco en ninguna parte en la ciudad. Quiero decir que no es que deban encontrarse en cada descuidado terreno; pero, verdad de Dios que no sé donde se dén los mentados girasoles... Me dijo la Morena hace como dos años, antes de que se fuera para Colorado, quesque siguen al sol con su carita de color canela. Desde entonces he querido comprarme un girasol y ver si es cierto... Pero ahora que lo pienso me vale si se mueve con el sol. Quiero tener uno aunque se me seque al otro dia. Está muy rara la floresota esa!... te has fijado Aleida? Una pelota con llamas que le salen se me figura. Y no Aleida, no me importa que venga con todas las demás porquerias de florecitas con las que hacen el adorno... Vamos, compraré uno ahora".

A la una de la tarde un hombre se preocupa. Nuevamente, como lo ha venido haciendo desde Abril sale de la casa color naranja, se quita camisa y pantalon y no siente nada. Es mediados de Junio y su cuerpo es incapaz de percibir humedad alguna venidera. Tiene cinco años sin mujer y desde entonces se ha vuelto muy sensible para prevenir las lluvias.
-Javier!... Javier! hijo de tu madre, ven!
Entra a la casa naranja un hombre con rabanos en ambas manos.
-Mándeme pá, qué se le ofrece?
-Hasta ahorita que tiempo tiene que no ha llovido ni lloviznado?
-de que no llueve son casi tres meses de retraso, y la última llovizna... tiene pos casi lo mismo, pá...
-Ay Señor! ayudanos por favor!. Te dijo Felicitas qué vá a hacer de comer pa´l rato?
-Arroz blanco y ensalada con rabanos, pá.
-Dios mio, mandame un aguacero!... Y tú que haces con eso? -pregunta señalando los rabanos en las manos del hombre- De dónde sacaste esas cosas?
-me los vendío el señor Angelito, son rabanos pá; me los dió todos a un peso... El señor Angelito manda a comprar mucho en el mercado de San Francisco... -lo interrumpe el seco halito de la temporada ataviada en calzoncillos largos y hablar indecoroso:
-Sé muy bien todo lo que hace el cabrón ese! Demonio en piel de borrego, eso es lo que es! Cuándo irás a destruir a los malignos que sirven al diablo, señor misericordioso! Cuándo?... -en eso eleva la mirada al cielo y pregunta con la ternura misma en la voz:
-Has dicho algo señor?
-aún no habla, pá.
-No digas nada! Ya lo hará. Lo hará cuándo quiera algo de nosotros, algun rezo o ayuno y vas a ver si no me habla. Conozco muy bien a nuestro señor en los cielos! -al decirlo rie y entra a su casa a vestirse.

Es muy posible que Don Angelito no recuerde bien cuando iniciaron sus visiones. Su mujer piensa que las ha tenido desde siempre y ello es porque lo conoce desde que ambos tenian once años. La suegra de Aleida, al ser interrogada por ésta en ocasion al último ensoñamiento de su marido, ha jurado no saber "nada de ningunas visiones" y recalca que sí es cierto que Angel ve cosas no es por culpa suya "En todo caso, mi hijo siempre ha tenido sus ondas" afirma, y vuelve a afirmar: "cosas muy suyas... no por mi, te repito Leida, no por mi... de su madre no sacó eso!" Entonces la suegra da media vuelta y la mujer de Angel explota internamente. Y todo porque se ha quedado ignorante y odia que le llamen Leida, pues asi le dice el cura desde que la bautizó. Eso por accion indirecta de sus timoratos padres que se acobardaron de intentar corregirlo durante el rito.
La primera vez que Angel Maria tuvo una vision se hizo ateo. Era aún adolescente cuando él y su hermano mayor Gabriel fueron mandados por su madre a comprar pan de fiesta con la señora de la entrada de la iglesia. Al no encontrarla en el lugar habitual, se decidieron por ir a San Pedro a ver si daban con alguna que vendiera el mismo tipo de pan. La calle por la que se entra a ese pueblo y que por demás es la principal, es conocida como la "calle del que mató a la bestia". Nadie sabe exactamente el por qué de este misterioso nombre y dado que las leyendas se han amontonado como basura en esquina, no hay razón alguna para comentar mas. Sobre esa calle la suerte se enamoró del hermano menor.
Dos hombres de cabellos rojos aparecen en medio de una luz muy brillante. Uno de ellos le dice al pequeño: "tengo sed, dame agua!". El niño retrocede un paso, pero se detiene ante la pregunta del segundo hombre "Eres tú, Dios?" No. Ustedes no lo ven? -responde Angelito-. "aqui nadie sabe de Él. Tal vez no exista" Dicho esto, el cabello de ambos se enciende. La llamarada los consume de la cabeza a los pies y desaparecen.
Horas despues su hermano regresó al pueblo con dos objetos. En una mano, un pan de fiesta, y en la otra, la mano de Angel. Lo guió a casa como lo hacian los pequeños lazarillos con sus amos ciegos durante la colonia. Tocó a Angelito lidiar desde entonces con periodos de agotamiento seguidos de inconcebibles percepciones donde no hay demonios ni seres de luz; ó tal vez sí, solo que en sus visiones los mitos se le hacen presentes como seres extraordinarios.

-Por qué ya nunca quieres ir a la iglesia hijo?
-me gusta pensar en otras cosas mamá...
-Te has vuelto ateo mijo. Si fuera yo más temerosa del señor, no vivirias en mi casa hijito.
-vi como mataron a mi abuela mientras tu sonreias. Fueron los cristeros una mañana; les dijiste que ella salia en las noches a hablar con el ejercito...
-Qué le diré al padre Omarcito? Ya has estado enfermo bastante tiempo.

Don Angel conoce a la gente de Santo Tomás Azumiatla como se conocen los caminos bastante recorridos con el pensamiento. Una idea rara de pronto nos asusta, pero de tanto állegarse a la mente se vuelve tan familiar que empezamos a quererla. Aún cuando esa idea signifique lo imperdonable y lo asqueroso "Nuestra naturaleza intima es inabarcable, infinita" Así él quiere a su gente, la quiere de tanto que la ha frecuentado con sus deseos. Por eso no sale de Azumiatla si no es para ir a comprar flores a Morelos, su estado natal.

Aleida es una mujer maravillosa. No hay viernes que se pierda sus salidas para rezar el santo rosario. Se viste de negro para invocar la viudéz y arregla su cabello frente al brillante espejo de su habitacion ante el cual margina su propia imagen: Dirige sus ojos hacia los bordes biselados y mientras se peina en su angosta linea, se va sintiendo mas cerca de la divinidad "el pecado de vanidad me lisonjea por ser mujer en el espejo". Cierto, la mujer del atéo es una mujer bella.
-voy a ayudar a nuestro señor, despues regreso -con esto se despide del marido-. Me oiste?
-... mmmm -despide a su amada esposa.
Ha terminado la jornada solar y la noche nutre a la fé. En el interior de la iglesia Aleida traza sus peticiones antes de iniciar los misterios dolorosos.
"Yo por todos tus obispos te pido señor. También por tus hijitos los desgraciados pobres, y por toda esa gente mala que se quedó atorada en su maldad. Soy buena hija tuya aún con todo y que vivo con tu hijo apostata. Lo he amado tanto... y se me acabó el amarlo. Tú sabes que he hecho lo que me has pedido. Hace meses que quité mis querencias de él. Ya soy mas tu hija señor, ya te cumplí. Únicamente te pido me des la oportunidad, cuando viva yo en tu reino, me dejes verlo apartado del lado tuyo, fuera de tus puertas celestiales. No te estoy rogando que lo condenes al infierno; yo sólo te estoy pidiendo que lo alejes del lado de los justos que tenemos fé y creemos en ti. Te lo incluyo en mis oraciones para que él se te olvide y tambien de tu reino. Por favor, no lo condenes, solo no lo dejes entrar, amen". Se le han adelantado las demás mujeres en los rezos pero vuelve a ellas con pasión "ruega señora, por nosotros pecadores, ahora y en la..."

Las mujeres del coro de la iglesia aún piensan que pueden reconvertir a Don Angel. Los ultimos años, cada miercoles de ceniza, van de visita a su casa. Aleida prepara té y buñuelos para ellas solamente; pues van a hacer el trabajo que ella se niega a hacer porque no quiere. Empiezan su labor pía como siempre "ya sabe usted Angelito, que la biblia nos da a conocer mas verdades que todos esos librotes juntos que tiene usted por todos lados?" Con anterioridad Angel Maria habia estado leyendo a José Saramago. Nuevo material para esgrimir blasfemias. Cada año su respuesta es diferente, ahora les dice de todo corazón que el no teme de san Jesucristo, que mas santos para la iglesia no significa que sumen una verdad entera y que sus librotes si bien no son los contenedores de la verdad, sí le han enseñado a querer mas a la gente a diferencia del viejo cura Omar. Se levantan al unisono las tres dejando sus tasas de té sin ser tocadas. Se llevan envueltos en servilletas de papel sus buñuelos y la exasperacion por el ataque al señor cura. La blasfemia falló. Tal vez ese trio de mujeres si crean que Jesucristo fué un santo más.

"Las flores son como las personas. Más bien se vuelven personas cuándo úno se acerca a ellas para probar su aroma. Intercambian un poco de ellas por un poco de nosotros; entonces nosotros florecemos y ellas perecen..."

-Mira Julieta, cuida mucho que siempre haya flores en la recamara de Angelito, solo te voy a pedir eso por ahora.
-señora, nunca me olvido de tenerle flores ahi.
-la otra muchacha que estaba antes que tu, olvidó tener lleno su florero y ahora ya no esta mas con nosotros, asi que no descuides eso.
-no señora, no se me olvida.
-Mi hijo desde que nació lloraba mucho al atardecer... recien que cumplió cinco años su padre me regaló muchas flores porque era diez de Mayo. Esa tarde no lloró y nunca volvió a hacerlo puesto que he cuidado mucho que existan flores vivas en su cuarto. Tampoco regresó jamás el medico que estudiaba el constante llanto de mi hijo en las tardes.
-Si señora.

"Tenia poco mas de nueve años cuando dejamos Morelos. Mi padre nos trajo a vivir a Puebla; mejor dicho, nos trajó cerca de Puebla a malvivir. Él siempre odió las ciudades, porque en sus calles iba a morir. Eso nadie me lo dijo. El modo en que lo atormentaba el ir a trabajar me fascinaba. Cada mañana el olor de su muerte se hacia mas dulce: eran gardenias sus pantalones, saco y corbata y él lo sabia; aún así, salió ese dia a la ciudad... En verdad que no conozco Puebla. Este lugar se encuentra a orillas del vacio y a menos de cinco minutos de la enojona urbe... Me he adentrado en otro mundo desde que vivo aqui solo por ti, Aleida... Ahora respiro y te respiro. Te has quedado en mis flores de azucena y en mi languidez... Cuánto me falta para adorarte mujer?"

-Angel! Ya regresé... -la mujer observa a su marido semidormido- has tenido otra vision?
-Tengo contemplaciones no visiones. Sabes la diferencia.
-Voy a hacerte de cenar querido, ya vengo... por cierto, el señor te manda saludos.
-el cura?
-el padrecito Omar? jamás!
-ahhh
-vente aqui a la cocina. Qué haces ahi solo como...
-dejame en paz! Quiero acordarme de mi.
-y que te recuerdas?

La madre pregunta intrigada a su pequeño de tres años:
-Ay mijito! por que no te gustan los girasoles?
-me dan miedo mami, siento que me voy a meter en ellos...
-pero si es la flor que más se da por aqui mi niño! Deberian gustarte mucho. Siguen al sol con su rostro, quisieran ser como él de tanto que le aman!
-no es cierto mamá, se lo quieren comer igual que a mi!
-A mi sol no se lo comeran! No volveras a ver esas flores mi niño, nunca más!
Angel recordó muchas cosas esa noche. Pudo intuir que tal vez exista algo despues de morir y esa misma sensacion la disfrazó de nueva creencia: "al mundo de los recuerdos vivos nos vamos despues del último respiro. Sí. Ahi nos vamos sin que nos recuerden. Seremos verdaderamente felices al desaparecer de la memoria de los vivos".
Así es Angel Maria de Dios. Quienes se atrevan a odiarle obtendran expeditamente la bendicion del padre Omar para entrar al cielo.

Son las nueve de la noche. Un muchacho reclama saber por qué no debe ir a San Pedro.
-En San Pedro las cosas no son como aqui... y mucho menos de noche, joven. Todas las calles estan iluminadas, cierto, pero ahi los animales salen a hablar de sus cosas cuando la gente esta dormida o como sea que esten. Por la entrada del pueblo los perros andan en dos patas, asi como los cristianos... ó bueno, vaya usted a saber si tambien son cristianos! La persona que en verdad tiene que salir de emergencia, para llamar al medico digamos, lo hace a cubierto por las sombras, a escondidas incluso del aire vaya!. Todo para no interrumpir los argumentos o el pasear de las que son sus bestias en el dia.
-ah que Don Angelito! Y mi mandado que? A poco usted me lo va a ir a entregar?
-yo no voy a San Pedro de noche desde que estaba chamaco. Allá tú y te pongan a discutir de politica un par de mulas! Las pendejadas que he visto y conozco nadie las sabe. No se explican muchas cosas los más ignorantes de aqui. Ahi tienes a Mario que una mañana llegó golpeado. Esa vez se fué tarde para allá y no supó ni el porque de sus golpes. Todo mundo pensó que lo asaltaron. Después se corrió el rumor que Mario soñaba mucho que lo pateaban entre varias mulas, y eso porque se puso de terco y no les quiso dar la razon.
-y de que discutian, Don Angelito?
-segun él, los animales solo querian creer que los hombres hablan unicamente durante el dia.
-perros con calzones, que risa! Ni con este maldito calor me la creo!
-lo entiendo muy bien joven, esta muy cabron creerlo! En verdad que si...

De la casa naranja sale un hombre maduro en sotana y con decidida expresion. Lo acompaña como siempre su sacristán, quien no deja de sudar.
-no ha llorado el cielo, papá. La virgencita no se ha puesto triste por nuestros pecados...
-Es tiempo de que nosotros ayudemos al cielo, Javier. Todos debemos ayudar dando algo a cambio; porque no es posible que llueva en los poblados de junto y aqui nos maldigan. No es posible Señor!.
El sermon es motivo de organizacion y reclamo. Omar no dejará a su rebaño morir tampoco de sed espiritual.
"Queridos hermanos, hermanas todas -sonrie a su trio de mujeres-. Nuestra platica de domingo es platica de amor entre nosotros. Todos nos queremos, somos uno en la palabra de nuestro señor, y como tal unidad, hemos de velar y cuidar por todos quienes pertenecemos al rebañito de Santo Tomás... Si todos nos cuidamos, entonces cada uno no puede hacer su propia voluntad, sino la voluntad del grupo completo de fieles. Quiero decirles amadisímos hermanos que si queremos el bien comun, enfrentaremos entonces todos a uno al pecado que impide seamos bendecidos con el sagrado llanto que tambien bautiza y que viene como cada año del cielo; nuestras amadas lluvias. Con fé y unidad en el rezo, pero tambien con pasion y sin vacilacion habremos de mostrarle a nuestro señor y a nuestra madre la virgen que tenemos confianza en ellos y que estamos arrepentidos de tanto pecar... por tanto, enseguidita de salir de esta sagrada casa, nos esperaremos en el atrio, los hombres y yo; mientras, toda mujer del pueblo va a conseguir rosas para que al paso de la procesion que yo conduciré, seamos bañados y marcados en nuestro caminar por los petalos de dichas flores. Así sabrá el cielo que deseamos lluvia y bendiciones para lavar nuestro mal actuar; cambiando el rojo de las rosas por la claridad y pureza del agua. Vamos pues a darle al cielo flores por lluvias, que es buen trato... nuestro señor sale ganando!"
-serán muchas flores, padre Omar -opina una de las mujeres del coro.
-todos los hombres -responde el cura- yo incluido, daremos a las mujeres dinero para que vayan a comprarlas. Hoy es dia de flores en San Francisco, vayan pues...
Los pobres hombres dan entonces lo poco que tienen y lo entregan a las mujeres. El cura Omar entrega al trio del coro un enorme fajo de billetes de doscientos y quinientos pesos dentro de un pequeño saco negro y les advierte: "Qué no quede una sola rosa sin comprarse, deben ser rojas. Pues es el color de la sangre de nuestro señor que limpió nuestras faltas..." Las tres señoras sin mirarle a los ojos asienten y se van con prisa. Los ojos del sacerdote estan en otro lugar.

"... me llevé a tu madre del pueblo una tarde seca, tan seca como el aliento del diablo que ha exhalado sobre nosotros toda esta temporada. Fué el mejor momento para dejarla lejos... Hace veintitrés años, la sequia no existia como ahora; así aproveche para dejarme algo menos. Ay, si hubieses visto! La gente la amaba tanto... tanto que dejaron de querer al pastor del señor: una blasfemia! Se la quité al pueblo, como hace el pobre ladron al limosnero que ha recibido mucho en la lastima que provoca su mendicidad. Tres dias tenia que habias nacido, y ya la gente conocia al padre de su hijo; ella misma me llamaba su hombre y decia "Omar, cuanto lo amo! Cómo no habria de amarlo si me ha dado un niño tán hermoso?" No nos merecia mijo... en su boca nuestro amor se hizo pecado, y yo libro del pecado a esta gente; mucho mas habria de librar del pecado a mi propio hijo! No pude soportar mas allá de tres años esa cruz. La lleve muy lejos y le supliqué que no volviera pues con su querencia alejaba de la gracia del señor a uno de sus pastores... No llores Javier, ella no volvió! estamos mejor sin ella, no lo ves?... Sin embargo, mientras me llamaba "su amado" la locura se apoderó de mi corazon, no de mi mente; pues mi pensamiento se hallaba tranquilo. El hombre que era yo se convirtio en lluvia impetuosa que empapó el rostro de tu madre... "Malditos, malditos!" grité abrumado por la sensacion de gran soledad que me estaba vaciando el corazón desde ese instante... "Qué la lluvia los condene por su ausencia cuando deje de sentir la falta que me hace y me hará esta mujer!" Así maldije a todos nuestros hermanos desde muy dentro mio. Y el dia en que me saqué del alma el recuerdo de tu madre dejó de llover... Deja de llorar Javier!... callate por el amor de Dios! No lo entiendes? Ellos me la quitaron!... Nunca comprendí algo más que ocurrio esa vez, y es qué cuando regresé de aquel viaje tu ya estabas ciego."

Son flores rojas vivas. Angel las recoge del suelo y las frota en su rostro. Cada petalo empieza a surmegirlo dentro de una tibia sensacion que aumenta de temperatura cada vez mas hasta que se convierte al tacto en piel. Parte de los restos de flores son ahora cabellos humedos. De entre las piernas de Aleida va trepando la boca hasta detenerse en sus labios. Angel y el aliento de su mujer se mezclan en una quimica inestable y explotan. Ahora comprende: ella se ha dejado amar nuevamente. El poder de su deseo por ella vuelve a rehacer sus cuerpos. Con ambas manos sostiene el rostro de Aleida y besa su boca con fuerza, succionandola. Desliza sus manos hacia las anchas caderas y aprieta su carne contra la suya "te amo, flor del universo, me hundo acompañado de pavor en ti, pues dejo de existir por que soy tuyo!" le dice, y al acompañar de ardor esa última frase experimenta la pequeña muerte del extasis y vuelve a perder la unidad corporal. Su mujer lo regresa a la consciencia. Estan cayendo gotas al suelo tapizado de flores donde ambos yacen. Ella grita buscando enterar al pueblo entero del suceso "está lloviendo, ha empezado a llover!... Llueve!" Rie y abraza a su marido, la gente se acerca a ellos y los rodean. Todos rien, estan empapados; entonces la hermosa mujer le hace de nuevo el amor a su hombre sobre petalos; pero estos se secan. "Nos estamos marchitando Aleida, tu y yo somos ahora como cenizas... pero nos ha entrado el amor y nuestros recuerdos siguen acariciandose uno al otro. Me arruyo en el aire contigo y me desplazo al mundo de las memorias fundido en tu ser... Qué barra el aire con todos! De que lugar ha regresado el amor por mi que te habias arrancado del cuerpo? Milagrosamente creo en ti, y dentro tuyo esta mi paraiso..."
-Me muero Angel, me muero por ti! -gime el recuerdo de Aleida, y ambos junto con el pueblo se marchitan. No lloverá.
Angel despierta, tiene calor, esta fébril. Se dirige a la cocina y prepara café. Ahora esta calmo y relajado; sin embargo, su cuerpo esta en llamas. Sus ropas empiezan a incendiarse pero no le importa. Así desaparece. Sólo quedan cenizas de él, que permanecen conscientes.

Las flores empiezan a ser arrojadas sobre la camioneta que transporta al padre Omar, lleva una gran bocina montada en el toldo. El sacerdote toma el microfono "señor, mira a tu pueblo, toma nuestra ofrenda a cambio de tu perdón... Padre nuestro que estas en el cielo...".
Aleida no para de gritar. Mas que rezar a todo pulmon, lleva caminando varias calles y sin dejar de acariciar la oxidada carroceria del transporte del cura, urge al señor la mire clamandole; sus manos se estan ampollando pues el metal esta muy caliente; adrede ella provoca el suplicio: Debe haber tambien dolor para hacerse digno y Aleida no dejara de ser digna. Su marido camina al lado suyo, y con cada paso se va haciendo mas devoto de su mujer. Justo ahora la ama como nunca la ha amado. Entonces algo interrumpe la fuerza de su adoracion. Levanta la vista hacia la multitud porque se estan apagando las voces de los fieles. Se hace el silencio. Con horror observa el movimiento de los labios de la gente pero no hay sonido. Una multitud de brazos femeninos arrojan y se arrojan flores a si mismas, y con cada baño de petalos la gente se va marchitando: cada petalo toma vida de la piel que toca. Nadie se da cuenta de lo que ocurre. El sacerdote casi ha adquirido la forma de una hoja de eucalipto que se ha secado. Ya no hay movimiento. Todos se marchitan al mismo tiempo y el viento empieza a barrerlos. En un magnifico acto de desprendimiento ante tal escena, Angel voltea hacia donde se halla su mujer, justo a su lado. Por un instante alcanza a capturar la imagen de ella y al momento de hacerlo se desvanece. Aleida le sonreia y al mismo tiempo su gesto se diluye en un rostro que se deshace, desbaratando la belleza de su amada mujer. Quedan todavía algunas formas semihumanas en pie, pero el aire en movimiento termina por quebrarlas todas. La camioneta, desde la cual se conminaba al cielo a soltar su llanto, avanzó un poco mas y se detuvo. Angel dió unos pasos y lloró, mojando por fin el suelo de Santo Tomas. Con esto, dejó ir toda la humedad de su cuerpo y él tambien se secó. Una formacion de nubes gris oscuro pareció detenerse sobre el desierto pueblo. Iba a llover, pero siempre no.

06/09/2003

Author's Note: Con perdn de los presentes... :)

Posted on 06/09/2003
Copyright © 2021 Oscar Martínez

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